En el reciente informe National Intelligence Estimate (Informe estimativo nacional sobre inteligencia), preparado por los organismos de inteligencia de los Estados Unidos, se llegó a la conclusión de que el Irán había abandonado en 2003 su programa de fabricación de armas nucleares.
Esta notable “excepción que confirma la regla” muestra que era, en verdad, posible que organismos de inteligencia suficientemente independientes formularan juicios objetivos contrarios a las “verdades oficiales” adoptadas por los funcionarios en el poder.
A lo largo de los siglos, es mucho lo que se ha aprendido acerca del éxito de la ciencia en la búsqueda del conocimiento, y la manera en que la ciencia se corrompe cuando se injieren en ella quienes ejercen el poder y se consideran poseedores de la verdad. Pueden citarse como ejemplos la declaración de la Unión Soviética de que la teoría genética de Lysenko era “ciencia soviética” y el conflicto de la Iglesia Católica con Galileo.
El poder corrompe la ecología del conocimiento, es decir, distorsiona las condiciones en que los conocimientos crecen y florecen. Quienes tienen el poder en una organización tienden a consagrar sus opiniones personales con carácter de Verdades Oficiales. La experimentación, el debate y el ejercicio de razonamiento crítico quedan constreñidos, para mantenerse dentro de la Sabiduría Oficial.
Es así como la razón crítica cede el paso a la conformidad burocrática, y como una comunidad de investigadores del desarrollo se transforma en un grupo de amanuenses intelectuales, y como el debate honesto y abierto queda reemplazado por el ideal institucional de conformismo, acatamiento y “marcha a favor de la corriente”. El resultado es la sociedad que Kant satirizó como el ideal de Arcadia donde las personas tendrían “un carácter tan manso como el de las ovejas que cuidaban”.
La universidad pretende ser árbitro de la verdad; no hay allí Versiones Oficiales. No hay una teoría oficial de Harvard de esto o una teoría de Oxford de lo otro. En condiciones ideales, la universidad es un foro en que pueden examinarse teorías en conflicto y en que las opiniones opuestas pueden chocar entre sí en un debate irrestricto. Esto significa competición intelectual sin trabas, en lugar de acatamiento burocrático. Por ende, puede haber muy pocas bases racionales para que un organismo dedicado a promover conocimientos sobre el desarrollo adopte, explícita o implícitamente, Opiniones Oficiales sobre las más complejas y sutiles cuestiones que enfrenta la humanidad. No es comprensible, al menos para este autor, cuál es la parte de esa fundamentación que no pueden comprender o aceptar los líderes de organismos de desarrollo.
Cómo podrían trabajar los organismos de desarrollo
Un organismo debería procurar que los clientes oigan los mejores argumentos disímiles o en conflicto respecto de todas las cuestiones complejas, y adopten las decisiones finales. Albert Hirschman afirmó que también es imprescindible “que el intercambio de opiniones sobre políticas de desarrollo sostenible se divorcie del proceso de suministro de asistencia”. Es importante que los clientes estén auténticamente comprometidos en pro de la reforma y el aprendizaje, incluso cuando tienen opiniones incorrectas (por ejemplo, en el caso de China) y que los mecanismos, tanto del cliente como del organismo, para aprender de la experiencia, sean parte del proyecto.
Por ultimo, no hay un camino expedito que conduzca al aprendizaje, o que soslaye la real competición y la experimentación local, ni siquiera dentro de un mismo organismo. Quienes ejercen el poder deberían aceptar la admisión de Keynes: “todos odiamos que nos critiquen; nada, salvo principios profundamente arraigados, nos impulsará a exponernos voluntariamente a las críticas”. Un organismo, en lugar de crear Verdades Oficiales, debería aspirar a la autocrítica de su falibilidad o a una humildad socrática, es decir, saber que uno no sabe y seguidamente, sobre la base del “principio profundamente arraigado”, promover los procesos de adquisición de conocimiento que son comprobadamente tan fructíferos para lograr auténtico progreso en la resolución de problemas.


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